Las gafas de sol son en primer lugar un elemento de protección de la vista frente a la luz intensa y los rayos ultravioleta (UV). En segunda instancia son también un complemento de moda, objeto de diseños cuidados.
Como elemento de protección ha de bloquear parte de la radiación que es potencialmente dañina para nuestros ojos: la radiación ultravioleta (UVA y UVB) y la luz de alta energía. Se ha demostrado que la exposición continuada a estas radiaciones puede desencadenar problemas a medio o largo plazo como cataratas, pterigio, cáncer, etc.
Asimismo, al reducir la cantidad de luz visible que alcanza el ojo, se aumenta el confort en ambientes muy luminosos.
Son un elemento ineludible para ciertas actividades al aire libre, especialmente en la el agua o en la montaña: surf, windsurf, eskí, etc.
Pueden tener también un a función terapéutica protegiendo a personas con fotosensibilidad.
Es muy importante comprar las gafas de sol en una óptica, donde nos brindarán las máximas garantías de protección. Evite siempre los mercadillos, las tiendas de moda, los grandes almacenes, y en definitiva allá donde no nos asista un profesional cualificado y no podamos estar seguros de la calidad de las lentes. No se deje guiar porque tenga una pegatina o una inscripción que “asegura” la protección UV, podría ser falsa.
Mención especial merece la necesidad de proteger los ojos de los niños con las gafas adecuadas ya que su sistema ocular es más vulnerable que el del adulto.
Como elemento de moda, las gafas de sol superan su uso meramente práctico. Se emplean en ambientes donde no son estrictamente necesarias. Los diferentes estilos se adaptan a la distinta personalidad y situación de cada individuo, ya sea como signo de rebeldía social, de agresividad, de luto, de estatus económico, de pertenencia en un determinado movimiento o “tribu” urbana, de gusto por el deporte, de sofisticación, etc.
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